The Gonzo Papers


Trilogía básica de un neurótico recurrente
Diciembre 30, 2008, 10:28 am
Archivado en: Garabatos

Pese a mi patética limitación como ser humano, dispongo -como tú- de tres únicas capacidades infinitas. La de enamorarme, la de equivocarme y la de ser infiel.

(Tiempo estimado de lectura: 2 minutos)

Enamorarse es quererse hacia afuera. “Nos” enamoramos. Es un verbo acertadamente reflexivo. No es la otra persona la que hace nada especial. Somos nosotros mismos, que nos queremos mucho, y como resultado, buscamos a la persona que nos haga feliz. Que nos quiera, que nos adore, y que le podamos entregar todo eso que llamamos amor, pero que no deja de ser una triste proyección de ese yo que tanto nos gusta. Ése que envía flores, que da besos por sorpresa, que tiene miles de frases de segunda mano que siempre suenan a nuevas.

Equivocarse es empezar a dejar de ser idiota. Vuelve a ser reflexivo, ¡qué acertado, el lenguaje, a veces!. Es ponerse en disposición, tener la oportunidad única e irrepetible de aprender. Llegar a topar de frente con tus propias limitaciones. Equivocarse en un viaje más o menos caro -depende de las consecuencias- hacia los límites de nuestra propia estupidez, de la que vuelves con muchas fotos en forma de lección y una bolsa de viaje remendada con algo de humildad.

Y por último, ser infiel no es otra cosa que la respiración artificial y asistida del deseo. El deseo, esa incómoda sensación que surge de la tensión entre lo que tengo y lo que me gustaría tener. Ese espejismo que se esfuma en el mismo momento en que se consuma. Esa preferencia y necesidad innata por lo nuevo, lo diferente, lo que está por descubrir. El ser humano es no-exclusivista por naturaleza. No come un único alimento, no lee un único libro, no tiene un único amigo, no canta una única canción, no duerme en un único lugar. En cuanto se impone una exclusividad, allí surge el deseo. Vienen de la mano, y cuanto mayor sea la primera, tanto más insoportable e inefable será el segundo.

Y en cuanto existe un deseo, hay infidelidad. Si lo que tengo no es lo que me gustaría tener, si hago algo por cambiarlo o no, ya es irrelevante; lo importante es que deseo otro escenario muy distinto del que disfruto hoy. Y ser feliz así, lo veo, como mínimo, complejo. Por eso ya no trago con eso de que existen parejas fieles. Lo siento, pero que se lo cuenten a otro. Habrá gente que se conforma, se acomoda, se acojona, se reprime, se difiere, o se descarta a sí misma en una posible vida feliz. Eso sí, es una elección respetable. Sin duda.

Lo mejor de todo, por eso, es hablar de esto en una cena con 3 parejas más, además de la tuya. Pruébalo, de veras. Todo a tomar por culo.


1 comentario por mucho
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Me toca darte la razón. Pero de todas formas, sigo pensando que el deseo se suele propiciar por el simple hecho de una “enfermedad” que sufrimos los seres humanos que es querer sentirnos independientes. Pero claro, nos aterra sentir que empezamos a depender de alguien para que todo no nos parezca una mierda. Y entonces decimos “Qué narices, me planto, a follar con quien me encuentre, porque señores, yo soy yo,solo, sin mitad que me acompañe”

De todas maneras,no creo que el que viva asi,ni se acomode,ni se acojone ni nada del estilo. Quizá fue de los pocos afortunados que encontró la manera de entender la exclusividad como algo que explotar como virtud.

comentario por Ana




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