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Pese a mi patética limitación como ser humano, dispongo -como tú- de tres únicas capacidades infinitas. La de enamorarme, la de equivocarme y la de ser infiel.
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Enamorarse es quererse hacia afuera. “Nos” enamoramos. Es un verbo acertadamente reflexivo. No es la otra persona la que hace nada especial. Somos nosotros mismos, que nos queremos mucho, y como resultado, buscamos a la persona que nos haga feliz. Que nos quiera, que nos adore, y que le podamos entregar todo eso que llamamos amor, pero que no deja de ser una triste proyección de ese yo que tanto nos gusta. Ése que envía flores, que da besos por sorpresa, que tiene miles de frases de segunda mano que siempre suenan a nuevas.
Equivocarse es empezar a dejar de ser idiota. Vuelve a ser reflexivo, ¡qué acertado, el lenguaje, a veces!. Es ponerse en disposición, tener la oportunidad única e irrepetible de aprender. Llegar a topar de frente con tus propias limitaciones. Equivocarse en un viaje más o menos caro -depende de las consecuencias- hacia los límites de nuestra propia estupidez, de la que vuelves con muchas fotos en forma de lección y una bolsa de viaje remendada con algo de humildad.
Y por último, ser infiel no es otra cosa que la respiración artificial y asistida del deseo. El deseo, esa incómoda sensación que surge de la tensión entre lo que tengo y lo que me gustaría tener. Ese espejismo que se esfuma en el mismo momento en que se consuma. Esa preferencia y necesidad innata por lo nuevo, lo diferente, lo que está por descubrir. El ser humano es no-exclusivista por naturaleza. No come un único alimento, no lee un único libro, no tiene un único amigo, no canta una única canción, no duerme en un único lugar. En cuanto se impone una exclusividad, allí surge el deseo. Vienen de la mano, y cuanto mayor sea la primera, tanto más insoportable e inefable será el segundo.
Y en cuanto existe un deseo, hay infidelidad. Si lo que tengo no es lo que me gustaría tener, si hago algo por cambiarlo o no, ya es irrelevante; lo importante es que deseo otro escenario muy distinto del que disfruto hoy. Y ser feliz así, lo veo, como mínimo, complejo. Por eso ya no trago con eso de que existen parejas fieles. Lo siento, pero que se lo cuenten a otro. Habrá gente que se conforma, se acomoda, se acojona, se reprime, se difiere, o se descarta a sí misma en una posible vida feliz. Eso sí, es una elección respetable. Sin duda.
Lo mejor de todo, por eso, es hablar de esto en una cena con 3 parejas más, además de la tuya. Pruébalo, de veras. Todo a tomar por culo.
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- Blade Runner
Enorme fracaso en su época con una difusión más que lamentable. Obra cumbre de la ciencia ficción, que mezcla dicho género con el cine negro más clásico. Años más tarde apareció un montaje del director que con leves cambios le daba un sentido totalmente distinto al film.
- El jinete pálido
Maravillosa revisitación de Raíces Profundas, el clásico de George Stevens, casi punto por punto, pero con resonancias bíblicas extraordinariamente insertadas en la trama. En España se cometió la memez de poner cartelitos en su estreno avisando de la oscura fotografía del film, porque somos así de lelos. Aquel año, 1985, otro western “Silverado” de Lawrence Kasdan intentó resucitar el género junto con la obra maestra de Eastwood. Lamentablemente no lo consiguieron.
Cinema Paradiso
Genial y emotivo homenaje al cine en general, es lo mejor que ha hecho nunca Giuseppe Tornatore, quien años más tarde sacó un nuevo montaje con 45 minutos más de metraje. Una película hecho con amor, y con un final insuperable, toca la fibra sensible a cualquier cinéfilo que se precie de serlo.
En busca del arca perdida
Otro bombazo de uno de los mayores genios de la historia del celuloide, Steven Spielberg, y una puesta al día del cine de aventuras como nunca se ha hecho ni hará. Inolvidable banda sonora y personaje, que a Harrsion Ford le queda como un guante. La segunda parte está a la misma altura, y la tercera un poco menos.
Érase una vez en América
Para mí el mejor film que realizó Sergio Leone, maltratado en su estreno dividiéndola en dos partes, estropeando así su excelente estructura narrativa. Uno de los mejores films de gangster, sino el mejor con un De Niro más que insuperable y una banda sonora de Morricone mítica. Impresionante historia sobre la amistad.
Querido detective
Un título clave en los 80 y en el cine negro moderno. Con un guión perfecto y un trabajo de dirección encomiable por parte de Kim McBride, quien no volvería a alcanzar las cotas que aquí alcanzó. Inolvidables Dennis Quaid y Ellen Barkin, que protagonizan una escenita subida de tono, que enseguida pasó a formar parte de mis momentos calientes favoritos (uy, idea para un post).
El corazón del ángel
Uno de los mejores títulos de Alan Parker, manejando como nadie los trucos cinematográficos, en una historia fascinante llena de connotaciones diabólicas a cargo de un perfecto De Niro en su salsa.
El club de los poetas muertos
Oh, capitán, mi capitán! ¿quién no ha gritado esta frase en el momento de su estreno, que supuso toda una revolución, incluso a nivel docente? Todos hemos querido tener un profesor como el que Robin Williams interpreta en una de esas veces en las que le daba por demostrar lo excelente actor que es. De lo mejor filmado por Peter Weir.
La rosa púrpura del Cairo
A mi juicio una de las dos o tres mejores películas de Woody Allen, un sentido homenaje al cine, dentro desde el propio cine, con una idea argumental aprovechada al máximo. Sensacional Mia Farrow que logra que nos identifiquemos con ella con una facilidad pasmosa.
La ley de la calle
Segunda adaptación de una novela de Susan E. Hinton por parte de Coppola tras la magnífica ‘Rebeldes’, pero superior en todos los aspectos. Matt Dillon y Mickey Rourke prometían mucho, y Diane Lane… mmm… Diane Lane…

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Están pasando cosas. Mientras tú lees, cuando yo escribo.
De veras, están pasando muchas cosas. Gente que duerme, gente que mata. Se amanece, se come, se va al trabajo. Se siente sola, se pega un tiro. Roban carteras, sufren atascos, suben los precios, reciben la carta, llaman y cuelgan, talan hectáreas, cavan y encuentran, hacen la compra. Todos a la vez hacen y deshacen, mientras tú sigues leyendo desde esa silla. Se miran y se aman, se evitan y se olvidan, se denuncian por última vez. Salen de juerga, celebran deprisa, someten a juicio, se escapan de casa, critican de espaldas, cambian de tele, se hacen un hueco en otro sofá. Reciben visitas, cometen amores, descifran miradas, adoran milagros, sonríen y callan. Los pelos de punta, las manos sudadas, todos lo hacemos, no importan edades, sexos, razas, momentos, lugares, nada.
Están lejos, algunos, muy lejos, tan lejos que nunca llegaremos. Su vida es rutina, como la tuya, la nuestra. Pero una rutina extraña y distante en esta imposibilidad de vivirla que nos aprieta. De hecho, más nos aprieta cuanto más imaginamos y menos podemos vivir. Imagino la playa de noche, en un Brasil cualquiera, un grupo que llora su bossa nova desde ese bareto, y yo cogiendo a mi futuro de la mano, rozándole con un dedo las rodillas morenas, mientras miramos al mar enlunado y le cuento lo infeliz que fui hasta que estuve con ella. Se me escapa la brisa del sueño, me despierto solo en el bochorno inhumano de este día cualquiera. Me aplasta mi única vida. Me duele que puedo cambiarla. Requiere de un coraje del que carezco. Pero poder, podría cambiarla. Ahora soy yo el que me aplasto. Por cobarde, por lento.
Sólo me queda un consuelo. Que aunque distinta, mi vida seguiría siendo una. Seguiría soñando otras. Seguiría despertando en ésta. Seguiría aplastado. Seguiría pensando que puede ser que sí, que ser feliz sea tan sencillo como aprender a conformarse.
Aunque si al final es eso, por mí ya se lo pueden quedar, gracias, mucho gusto, un placer y sobre todo, a tomar mucho por culo.
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Últimamente, Linux ha estado presente en el cambiante mundo informático. Ejemplo de ello es que marcas como Asus o Dell hayan decidido sacar al mercado nuevas líneas de ordenadores con Linux pre-instalado. Para mucha gente, esto no significa nada, y probablemente a tí leyendo esto te deje con una pregunta en la cabeza: ¿qué es esto de Linux y para qué sirve?
¿Qué es Linux?
Linux es un sistema operativo, tal y como Windows y OSX (Mac, para entendernos). Esto significa que trabaja sobre el hardware del ordenador, comprueba que todo está funcionando bien, y luego tú utilizas los programas sobre él. Como casi siempre viene con un conjunto de herramientas básicas (GNU tools), es llamado a veces GNU/Linux.
Cuando alguien te dice que usa Linux, lo que quiere decir es que usa una distribución de Linux. Una distribución es la suma de varias cosas: Linux Kernel (la parte que configura el hardware), las GNU tools y todas las aplicaciones que la persona que comenzó la distribución pensó que eran útiles. Cada una de estas distribuciones viene configurado en la forma que los desarrolladores pensaron que era la correcta, y que funcionaba bien.
Como nadie tiene la misma idea de lo que es un buen sistema, hay unos pocos cientos de distribuciones de Linux ahí fuera, cada una tiene sus propias características ((Hace poco la Universidad de Extremadura sacó el suyo propio)). Hay distribuciones para ordenadores viejos, con características obsoletas, como Damn Small Linux. Por otro lado, está Sabayon, para ordenadores de última tecnología. Hay otras, como Gentoo, dedicadas a aquellos que quieran adaptar su ordenador y su rendimiento hasta el más mínimo detalle -como tunear un coche vamos-. Red Hat es otra distribución que se usa, sobre todo, en servicios corporativos. Dentro de Red Hat hay otras cientos de distribuciones y “tipos” de Linux. El más famoso de ellos se llama Fedora -la versión de escritorio de Red Hat- y está dedicada al uso doméstico. Debian es conocida por su estabilidad y es muy buena para servidores. Algunas de estas distribuciones incluyen software antigüo, por lo que muchos se decantan por Ubuntu, para tener un sistema puesto al día. Hay muchísimos más, pero estos son los más comunes.
¿Por qué debería usarlo?
Hay un buen número de razones por las que quizá quieras probar Linux en tu ordenador. Para mí, la razón principal era cambiar a algo distinto. Quería ver qué había más allá de Windows, del que estaba aburrido, y OSX, que no me gusta demasiado. Probar algo distinto y aprender cómo funciona un ordenador quizá no sea lo tuyo, por lo que aquí te dejo razones de más peso.
Es gratis – No tienes que pagar nada para usar Linux. La mayor parte del software también lo es -no creo que encuentres fácilmente algún programa de pago-. Algunas distribuciones son de pago, como Red Hat, pero en éste caso lo que pagas es un contrato de soporte técnico. Aún así, están disponibles sin el soporte técnico.
Tú eres libre – Una de las cosas que se suelen decir de Linux es que es gratis y libre. Es cierto, Linux viene con ciertas libertades implícitas. Eres libre de usarlo para lo que quieras. Eres libre de estudiar tu distribución y adaptarla a tus necesidades. Si no sabes programar, no te preocupes porque seguramente si miras por la ventana verás un niño de 12 años que sepa hacerlo. Eres libre de compartir Linux con tus amigos sin ser acusado de promulgar software pirata. Todo lo que quieras hacer, puedes hacerlo. Sin restricciones (eso si, no puedes venderlo
)
Es seguro – Linux fue programado para ser un sistema multiusuario, por lo que se necesitan permisos para mantener la seguridad del sistema. Los usuarios no tienen permisos de administrador todo el rato, por lo que las acciones que afectan al sistema deben ser explícitamente permitidas. El software no puede ser instalado a menos que un usuario diga, como administrador, que se puede instalar por lo que los virus no se pueden auto-instalar. MS-DOS (el lenguaje que utiliza Windows) no fue programado con este modelo de seguridad sino que funcionan con una serie de presunciones que en el mundo de hoy en día no son verdad. Ellos asumen que sólo una persona tocará el ordenador, que esa persona tiene todo el conocimiento necesario para ser un buen administrador de sistema y que nadie más puede alcanzar ese ordenador. Dada la existencia de Internet, muchas personas pueden alcanzar nuestro ordenador. Lo que necesitamos es mantenerlos fuera de nuestros ordenadores y causen daños. Un sistema de Linux prevee esta presunción de Windows haciendo que cualquier acción en ejecución sea autorizada por el Administrador, lo que a su vez prevee que el malware se auto-instale. Microsoft ha dado algún paso en la versión más nueva de Windows, Vista, al copiar este sistema para prevenir que ciertas acciones sean realizadas, pero la forma en que se ha hecho ha parecido más intrusiva que preventiva (con las famosas cuentas de usuario, un auténtico coñazo).
Es fácil – Esta última es nueva. Solía ser muy complicado para nuevos usuarios probar Linux, básicamente porque la instalación era complicada. Yo instalé ayer en un portátil la última versión de Ubuntu en 20 minutos (os recuerdo que ese es casi el tiempo que Windows tarda en instalar un Service Pack) y marcando simplemente algunas opciones obvias (idioma, zona horaria…). Es fácil porque para instalar programas solo tienes que pulsar una pestañita llamada “Agregar o Quitar Programas” y, por ejemplo Ubuntu, te los descarga e instala automáticamente. Por no hablar del rendimiento del ordenador, que mejora exageradamente con respecto a Windows.
¿Cómo lo consigo?
Desde las paginas oficiales. Basta con poner en Google la distribución que queráis (si sois principiantes, os recomiendo Ubuntu) y descargarlo. Grabais el archivo en un CD y a instalar!
¿Qué es eso del Pingüino?
Linus Torvalds, el hombre que empezó el desarrollo de Linux cuando era un estudiante en la Universidad de Helsiki, fue mordido una vez por un pingüino. Así que le dió porque el logo fuera exactamente ese. Su nombre es Tux y fue creado por Larry Ewing usando Gimp (un programa de edición de imágenes originario de Linux).

Aquí os dejo varias cosillas por si os apetece echar un vistazo: mi escritorio en Ubuntu, un video con los efectos visuales que trae incorporados -y que funcionan en cualquier ordenador- y un “pequeño” error que me dió Windows Vista hace tiempo y que me hizo bastante gracia.


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